Playa Chica Mar del Plata, el paseo costero que volvió de las ruinas

Vista costera de Playa Chica Mar del Plata con rambla y ciudad al fondo

La playa Chica de Mar del Plata es uno de los paseos costeros más antiguos y pintorescos de la ciudad. Una pequeña cala en la curva donde el Torreón del Monje vigila el mar desde 1904, con terrazas-miradores sobre piedras naturales, restaurantes pegados a la costanera y una pasarela peatonal que corre paralela al oleaje. No es la playa más extensa ni la más famosa, pero tiene una identidad propia: es la costanera que los marplatenses asocian a las tardes de domingo y a los mates con vista al mar.

Tiene también una historia reciente movida. Entre 2018 y 2023 estuvo medio en ruinas, con estructuras demolidas y abandonadas por una obra interrumpida. En 2023 se licitó la renovación completa y desde entonces Playa Chica volvió a ser lo que era: un paseo de baldosas, miradores y bares frente al mar. Para entender qué tiene de especial este rincón, conviene arrancar por el Torreón del Monje, que es el edificio que le da marco y memoria.

Vista costera de Playa Chica Mar del Plata con rambla y ciudad al fondo
Costa de Playa Chica con paseo peatonal.

Ubicación de la playa Chica de Mar del Plata en la curva de Punta Piedras

La playa Chica de Mar del Plata está en el tramo sur del frente costero marplatense, en la curva donde el Bulevar Marítimo Patricio Peralta Ramos tuerce hacia el sur y donde la costa forma la barranca de Punta Piedras. La cala es chica en serio: no pasa de 200 metros de largo, enmarcada por los espigones y por el Torreón del Monje que corona la barranca desde hace más de 120 años.

Esa ubicación tiene un detalle geográfico importante: Punta Piedras, donde se asienta el Torreón, es la continuación natural del sistema de Tandilia que entra en el mar y forma varias restingas. Por eso en esta zona el mar suele romper distinto que en los tramos céntricos, con restingas que afloran en bajamar y le dan al agua un color particular, más verde, más rocoso.

Para llegar, lo más simple es caminar desde el centro por la costanera sur. Son 10 minutos desde la Plaza Colón. En auto, hay estacionamiento en la zona, aunque en verano se llena temprano. La playa está en una franja que pertenece administrativamente al frente costero sur pero que muchos marplatenses todavía consideran parte del "centro extendido". Esa ambigüedad — ni centro del todo ni sur del todo — es parte de lo que define a la zona.

Torreón del Monje de Mar del Plata con cúpulas de tejas rojas frente al mar
Torreón del Monje junto al mar.

El Torreón del Monje y su historia desde 1904

El Torreón del Monje es el edificio que da marco a Playa Chica. Fue construido en 1904 sobre las barrancas de Punta Piedras, en el contexto de la transformación urbana que vivió Mar del Plata a comienzos del siglo XX, cuando la ciudad empezó a dejar de ser un pueblo balneario y se convirtió en una urbe turística. El estilo es de inspiración medieval, con cúpulas de tejas rojas, muros de piedra y una silueta de castillo que hoy es una de las postales más reconocibles de la ciudad.

A diferencia de otros edificios históricos de la costa, el Torreón no es solo decorativo: funciona como espacio de salones y terrazas, con servicios activos durante todo el año. Eso le da un rol urbano real, no de museo. Los fines de semana hay bodas, eventos corporativos y cenas; los días de semana, los turistas suben a las terrazas a tomar algo mirando el mar. Esa mezcla de hito arquitectónico y lugar en uso es lo que lo diferencia de otros monumentos costeros de la ciudad.

El nombre "del Monje" es uno de los misterios menores de Mar del Plata. Hay varias versiones sobre el origen, pero ninguna confirmada de forma documentada. Lo más aceptado es que viene de una antigua leyenda local sobre un monje que habría vivido en una cueva de la barranca, aunque algunos investigadores locales creen que la denominación es una invención romántica de principios del siglo XX para darle sabor al edificio.

Las barrancas de Punta Piedras y el emplazamiento del Torreón

El emplazamiento del Torreón sobre la barranca de Punta Piedras no es casual. Esa elevación era, a comienzos del siglo XX, uno de los puntos más visibles de la costa marplatense: desde el mar se lo veía antes que a ningún otro edificio de la ciudad. Por eso se lo eligió como marco de un paseo costero que estaba pensado, en su origen, para rivalizar con los grandes balnearios europeos de la época.

Hoy la barranca está contenida con muros de piedra y escalinatas que bajan a la costanera. Caminar esa zona tiene algo de teatro urbano: el Torreón arriba, el mar adelante, las terrazas en el medio. Es de los pocos lugares de Mar del Plata donde la relación entre arquitectura y costa se siente como un diseño pensado, no como una suma de edificios al azar.

La época dorada de Playa Chica en los años cincuenta

Hacia 1950, Playa Chica atravesaba una de sus épocas doradas. Era el paseo costero de las familias tradicionales que veraneaban en Mar del Plata, con restaurantes de mantel largo, orquestas en vivo y una vida social que se veía en las fotos de la prensa de la época. Los veraneantes que se alojaban en los grandes hoteles del centro bajaban a Playa Chica a tomar el té de la tarde, y la costanera se llenaba de gente vestida "de paseo" — un código que hoy suena antiguo pero que en los 50 era estándar.

Esa época se ve en el documental "Verano en Playa Chica, Mar del Plata" que conserva el Archivo General de la Nación, fechado en 1960. La imagen muestra una playa con carpas de lona rayada, pasarela de madera y gente sentada en sillas plegables mirando el mar. Las fotos de Facebook Fotos Viejas MDP de 1970 todavía muestran un paseo activo, con bañistas y turistas en la costanera.

Lo que cambió después es conocido: en las décadas siguientes, la ciudad creció hacia el sur y Playa Chica quedó como un rincón menor, con menos inversión pública que el centro o que los nuevos balnearios de Punta Mogotes. La época dorada se fue yendo de a poco, hasta que en 2018 el lugar terminó demolido y en ruinas.

Características físicas: terrazas-miradores y restingas

Playa Chica en términos físicos es más un paseo que una playa de arena ancha. La franja de arena es angosta — en marea alta apenas hay lugar— y la pendiente es suave. Lo que la define son los espigones de roca, las restingas que afloran en bajamar y, sobre todo, las terrazas-miradores construidas sobre piedras naturales que dan al mar.

El oleaje en esta zona suele romper distinto que en los tramos céntricos, en parte por las restingas de Punta Piedras y en parte por la propia curva de la costa. Para los que se meten al mar, siempre conviene respetar las banderas de seguridad y a los guardavidas — el agua puede tener corrientes y profundidad variable entre mareas, y lo que a la mañana parece calmo a la tarde puede no serlo.

La pasarela peatonal es lo que más valor le da al lugar. Corre paralela al mar, separada del tránsito de la costanera por una barrera natural y por el diseño del paseo. Caminarla de tarde, sin apuro, es probablemente la mejor forma de entender qué tiene Playa Chica que no tienen otras playas de la ciudad. No es la amplitud de arena ni los servicios: es la escala humana del paseo.

Paseo costero peatonal de Playa Chica en Mar del Plata con acantilados
Paseo peatonal sobre los acantilados.

La demolición de 2018 y la renovación de 2023

La historia reciente de Playa Chica es uno de los capítulos más turbios de la costa marplatense. En junio de 2018, bajo la gestión del intendente Carlos Arroyo, el municipio comenzó a demoler las estructuras derruidas del complejo. La idea original era una renovación, pero la obra se interrumpió y el lugar quedó en ruinas durante casi cinco años, con escombros, barandas rotas y pisos levantados a la vista del público. En plena costa, en uno de los puntos más visibles de la ciudad.

Recién en 2023, bajo la gestión de Guillermo Montenegro, se lanzó la licitación para poner en valor el complejo. El proyecto se publicó el 13 de octubre de 2023, con apertura de sobres de ofertas el 2 de noviembre de ese mismo año. El plazo de obra previsto era de 180 días y el presupuesto anunciado, de 700 millones de pesos. La obra beneficiaba, según los cálculos oficiales, a unas 100.000 personas que viven o transitan la zona.

Las obras incluyeron dos módulos con servicios —baños, depósito, cuida parques y gastronomía—, la recuperación de las terrazas-miradores construidas sobre piedras naturales, la demolición de elementos antinaturales (pisos y barandas anteriores que no respetaban la barranca), dos nuevos espacios para forestación y cubiertas tratadas como terrazas verdes accesibles. El proyecto también incorporó materiales sustentables y bajo mantenimiento, un detalle que la Secretaría de Obras del municipio justificó por la relación con el entorno costero.

Las terrazas-miradores sobre piedras naturales

Las terrazas-miradores son lo más característico del lugar. Están construidas sobre las piedras naturales de la barranca de Punta Piedras, con plataformas de madera y barandas de hierro que permiten asomarse al mar. Antes de la demolición de 2018 estaban muy deterioradas, con barandas rotas y pisos levantados. La renovación de 2023 las recuperó y agregó nuevas cubiertas tratadas como terrazas verdes — un detalle que mejora tanto la durabilidad como la integración con el entorno.

Las terrazas funcionan como mirador, como lugar de descanso y como extensión de los bares y restaurantes de la costanera. Para quien llega a Playa Chica sin conocerla, las terrazas son el punto desde donde mejor se entiende la escala del lugar: no es una playa de bañistas masivos, es un paseo peatonal con mirador al mar.

Personas en el agua de Playa Chica Mar del Plata con barco al horizonte
Bañistas en el mar de Playa Chica.

Cómo y cuándo visitar Playa Chica

Si tenés que elegir un momento para conocer Playa Chica, no es enero. Es marzo, abril o septiembre. En esos meses el Torreón del Monje se ve sin filas de turistas, las terrazas-miradores se pueden usar sin chocar con nadie y la luz del Atlántico en otoño le da al edificio un color naranja que en verano no aparece. Para los que vienen a Mar del Plata por primera vez, ese consejo marca la diferencia entre odiar la zona y amarla.

Si tenés que ir en pleno verano, hacete temprano. Antes de las 9 de la mañana Playa Chica es otra cosa: arena fresca, mar más calmo, paseo peatonal todavía vacío. A partir del mediodía el cuadro cambia, sobre todo los fines de semana, cuando los bares de la costanera se llenan y la playa se vuelve difícil de disfrutar.

Para ver el Torreón del Monje por dentro, conviene ir entre semana por la tarde, cuando está abierto pero recibe poca visita. Para caminar la pasarela peatonal sin apuro, lo mejor es ir al atardecer. Para tomar algo en las terrazas-miradores, los bares abren durante el día y hasta la noche, aunque los horarios pueden cambiar según la temporada.

Y un último dato práctico: el viento en esta zona suele entrar más fresco que en el centro, por la curva de la costa y por la barranca. En verano es alivio; en invierno, puede ser frío. Si vas en plena baja temporada, llevate campera aunque el día parezca benigno.

La playa Chica de Mar del Plata es, en el fondo, una cala con dos tiempos. El tiempo largo del Torreón del Monje que vigila el mar desde 1904. Y el tiempo corto de la renovación de 2023, que la devolvió al uso público después de casi cinco años de ruinas. Es de los pocos lugares de la ciudad donde conviven un edificio centenario, una costanera peatonal y un mar que rompe distinto. Vale la parada, sobre todo si venís en otoño o invierno, cuando la cala se ve sin gente y la luz de la tarde le da al Torreón un color que en verano no aparece.

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