El Balneario Príncipe de Playa Grande es uno de los balnearios más destacados del sur del centro marplatense. Es parte de un complejo balneario histórico que se construyó entre 1936 y 1940, con seis edificios paralelos al mar diseñados en el marco del plan provincial de obras públicas del gobernador Manuel Fresco. Hoy se lo conoce comercialmente como Balneario Príncipe-Portofino, pero su nombre histórico y su unidad arquitectónica siguen siendo los del complejo original.
A diferencia de otros balnearios sueltos de la costa, este tramo de Playa Grande se pensó como un conjunto. Los seis edificios balnearios paralelos al mar forman un frente continuo que le dio al sur del centro un perfil diferente al del norte. Para entender qué tiene de especial el Príncipe, conviene arrancar por dónde está y por qué ese lugar fue clave en la historia urbana de la ciudad.

Ubicación del Balneario Príncipe Playa Grande
El Balneario Príncipe Playa Grande está en el tramo sur del frente costero céntrico de Mar del Plata, entre el Torreón del Monje al norte y el cabo Corrientes al sur. Es parte de la franja que se conoce como Playa Grande, una zona de balnearios tradicionales con perfil urbano y arquitectónico definido.
El acceso es por el Bulevar Marítimo Patricio Peralta Ramos, que sigue costanera sur desde el centro. Hay estacionamiento pago en varios puntos del paseo, aunque en verano se llena temprano. Para llegar a pie desde el centro, son 10 minutos desde la Plaza Colón. En colectivo, varias líneas pasan por la costanera.
La playa de Playa Grande es extensa. Tiene varios balnearios numerados paralelos al mar, y el Príncipe ocupa uno de los puntos más visibles del tramo, con carpas, piletas y servicios para familias. La amplitud de arena varía con la marea, pero en marea baja es de las playas más anchas del centro.

El Complejo Playa Grande de 1936 a 1940
El complejo Playa Grande se construyó entre 1936 y 1940 en el marco del plan provincial de obras públicas que lanzó el gobernador Manuel Fresco en 1936, con el objeto de enfrentar la crisis económica y modernizar la infraestructura turística de la costa. El proyecto consistió en seis edificios balnearios paralelos al mar, que le dieron al sur del centro un frente arquitectónico unificado.
En 1938, los ingenieros civiles David Briasco y Vicente Perera trabajaron en el proyecto para la Dirección. Varios de los balnearios del complejo fueron diseñados por estudios de arquitectura privados: hay documentación de un balneario en Playa Grande diseñado por los arquitectos Biraben y Lacalle Alonso, propiedad de Luis Costa Buero. La mezcla de proyecto oficial y diseño privado era típica de la época: el Estado armaba el marco urbanístico y los privados ejecutaban los edificios.
El complejo se inauguró por sectores a fines de los años 30 y principios de los 40. A diferencia de los balnearios anteriores, que eran estructuras más sueltas, el de Playa Grande fue pensado como una pieza urbana: edificios parejos, materiales coordinados, acceso público desde la rambla. Esa unidad arquitectónica es lo que todavía hoy diferencia a la zona del resto de la costa marplatense.
El plan provincial de Manuel Fresco y las piletas de los años 30
El plan provincial de obras públicas que lanzó Manuel Fresco en 1936 no fue solo para Mar del Plata, pero tuvo en la ciudad uno de sus puntos más visibles. A partir de la década de 1910 y hasta principios de la de 1940, se construyeron en Mar del Plata varias piletas de natación destinadas al aprendizaje, parte de una política de modernización del ocio en la costa.
La pileta de Playa Grande era de las más ambiciosas. Medía 100 metros de largo por 40 de ancho, con 4 pabellones, uno en cada extremo sobre la calle y 2 sobre la Rambla. Era una estructura que combinaba el balneario público con el club deportivo, un modelo que se importó de los balnearios europeos de comienzos del siglo XX y que en Mar del Plata se adaptó a la escala de la costa atlántica.

Los seis edificios balnearios paralelos al mar
Los seis edificios del complejo Playa Grande son la pieza arquitectónica que define al tramo. Están paralelos al mar, en hilera, con materiales y alturas coordinadas. Hoy algunos funcionan como balnearios tradicionales y otros han sido absorbidos por emprendimientos más nuevos, pero la estructura urbana se mantiene.
Esa disposición paralela no es casualidad. El proyecto original pensaba al complejo como un frente continuo, no como edificios sueltos. La hilera permite que desde la rambla se vea un perfil uniforme, con pasillos de circulación entre edificio y edificio y acceso directo a la arena.
El detalle constructivo también es interesante: los seis edificios usaron materiales similares (piedra, ladrillo, revoque) y alturas parecidas, en una época donde la altura costera todavía no había sido colonizada por la torre de departamentos. Esa escala baja y pareja es lo que hoy se ve amenazado por los edificios más nuevos, que rompen la uniformidad del frente.
Características físicas de Playa Grande y su oleaje
Playa Grande en términos físicos es una playa amplia y de pendiente suave, con arena media a fina. El ancho de arena es de los más generosos del centro, sobre todo en marea baja, cuando la franja se ensancha varios metros.
El oleaje en esta zona suele entrar más fuerte que en el tramo de Bristol, en parte por la orientación de la costa y en parte por los espigones que cortan el oleaje y forman olas más limpias. Para los surfistas es uno de los puntos reconocidos de la ciudad; para las familias con chicos, conviene mirar las banderas de seguridad y a los guardavidas, porque el mar del sur puede cambiar de comportamiento entre mareas y lo que a la mañana parece calmo a la tarde puede no serlo.
La sombra también es un factor. Los edificios del complejo y algunos edificios privados lindantes dan sombra a la playa en distintas horas del día. En enero, eso es alivio; en invierno, fresco.

El Balneario Príncipe-Portofino actual
El balneario que hoy se conoce como Príncipe-Portofino es uno de los más destacados del tramo de Playa Grande. El nombre combina el histórico "Príncipe" con el agregado "Portofino", que vino con una renovación posterior del edificio y de los servicios. La estructura de balneario tradicional se mantiene: carpas numeradas, pileta, restaurante, acceso a la arena.
Ese modelo de balneario —carpa + pileta + gastronomía— es el que se consolidó en Mar del Plata a partir de los años 30 con complejos como el de Playa Grande. El Príncipe-Portofino lo lleva a una versión más actual, con infraestructura renovada pero manteniendo la lógica del balneario tradicional marplatense: el número de carpa como "lugar propio" durante el verano, los vecinos de carpa de toda la vida, los mismos guardavidas año tras año.
Para los marplatenses de toda la vida, este tipo de balneario es lo que diferencia a Playa Grande de los nuevos balnearios del sur, más impersonales y de paso. El Príncipe tiene esa mezcla de tradición y modernización que define a la zona: pieza arquitectónica de los años 30, servicios del siglo XXI.
Cómo y cuándo visitar el Balneario Príncipe
Si tenés que elegir un momento, no es enero. Es marzo o abril, cuando el oleaje del sur sigue siendo bueno para surfear, los balnearios todavía abren durante el día, y la luz del Atlántico en otoño le da al complejo un color que en verano no aparece. Septiembre y octubre también funcionan, sobre todo para caminar la costanera sin la masa del verano.
Si vas en pleno verano, hacete temprano. Antes de las 9 de la mañana Playa Grande es otra cosa: arena fresca, mar más calmo, carpas todavía armándose. A partir del mediodía el cuadro cambia, sobre todo los fines de semana, cuando el balneario se llena y la rambla se vuelve difícil de caminar.
Para acceder al Príncipe, lo más simple es llegar por el Bulevar Marítimo. Hay varias líneas de colectivo que pasan por la costanera sur, y el balneario tiene estacionamiento pago en la zona. Para los que van a surfear, las escuelas locales conocen los mejores horarios según mareas; para los que van con chicos, conviene llamar antes y confirmar pileta y actividades.
El Balneario Príncipe de Playa Grande es, en el fondo, un capítulo vivo de la historia urbana de Mar del Plata. Los seis edificios del complejo de 1936 siguen ahí, paralelos al mar. El plan de Fresco, los ingenieros Briasco y Perera, los arquitectos Biraben y Lacalle Alonso, la pileta de 100 metros por 40: todo eso está debajo de las carpas actuales. Vale la parada, sobre todo si te interesa entender cómo se armó la ciudad que se ve hoy.
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